Recién el 22 de mayo de 2016, tras doce años de minuciosos exámenes psiquiátricos y estudios de comisiones de teólogos para determinar si los mensajes se ajustaban a la doctrina cristiana, la Iglesia proclamó oficialmente que los acontecimientos iniciados en 1983 eran “de carácter sobrenatural” y “dignos de fe”. Fue a través de un decreto del entonces obispo de la diócesis de San Nicolás de los Arroyos, monseñor Héctor Cardelli.
Actualmente, Gladys tiene 89 años y seguirá los festejos desde el interior de su casa, ubicada a metros del gran santuario, en la que vive voluntariamente enclaustrada. Hace décadas que no tiene contacto con la gente. El pequeño patio de la entrada a su hogar está permanentemente alfombrado por mensajes escritos por los fieles, convencidos de que a través de ella llegarán a la Madre de Dios que está en los Cielos.
Sobre la primera aparición, ella contó que, cuando notó que el rosario que colgaba en su habitación se iluminaba, comenzó a rezar y sintió un hormigueo en los brazos como un aviso celestial antes de que se le apareciera la Virgen María. Más tarde reconoció los rasgos del advenimiento en una imagen serena y refulgente de María con el Rosario y el Niño en brazos, de tradición europea, que estaba arrumbada en un depósito de la Catedral y es la que se expone a la admiración de los fieles.
La explicación de por qué la Virgen eligió a San Nicolás y a Gladys solo puede hallarse en el insondable misterio de la fe. Pero la humilde mujer, que apenas había cursado hasta el cuarto grado de la escuela primaria, convenció a las autoridades eclesiásticas de que no se trataba de un delirio místico.
Dijo que la Virgen había llegado y quería quedarse, y que hasta le transmitió su voluntad de que le erigieran un templo en un “campito” baldío contiguo a uno de los arroyos que desembocan en el río Paraná. La construcción comenzó en 1986 y el Santuario, inaugurado en 1984, es el más espacioso de la Argentina, con capacidad para 9.000 personas de pie.
Al influjo del suceso sobrenatural, la ciudad de San Nicolás, de rica historia, adquirió una nueva identidad: se convirtió en la Ciudad de María, que comenzó a congregar a legiones de fieles provenientes de los cuatro puntos cardinales de la fe. Primero había sido la Ciudad del Acuerdo, desde que el 31 de mayo de 1852, trece provincias sentaron en su territorio las bases de la organización nacional. Fue cuando firmaron el Acuerdo de San Nicolás, que consagró las coincidencias que dieron nacimiento a la Constitución de 1853.
Pero en 1960, la puesta en marcha de la gigantesca planta siderúrgica de SOMISA produjo un desarrollo industrial con un impacto demográfico, económico y social gigantesco que la transformó y la convirtió en la Ciudad del Acero. La transición fue traumática, porque la privatización de SOMISA en 1992, durante el gobierno de Carlos Menem, expulsó a 6500 trabajadores (más de la mitad del personal) por despidos y retiros voluntarios forzosos, y se temió una debacle socioeconómica.
Sobrevinieron la crisis y la depresión. Parecía que todo se derrumbaba alrededor y surgió el temor colectivo de que San Nicolás se convirtiera en una Ciudad Fantasma. Pero ya estaba la Virgen, cuya imagen acompañó la lucha en los paros y movilizaciones y escuchó los ruegos de los damnificados. Dio contención y esperanza.
La que fue la Ciudad del Acuerdo, primero, y la Ciudad del Acero después, ya se convirtió definitivamente, para millones de devotos, en la Ciudad de María, la Virgen milagrosa que despierta una devoción más resistente que el acero y concita el acuerdo del pueblo para su veneración. Por eso, cada año, los devotos desfilan ante Ella, convencidos de que es capaz de convertir la desesperación en esperanza y la pena en alegría.
El santuario de María del Rosario de San Nicolás, conocido popularmente como “El Campito”, se transformó en el centro de esta expresión de fe. La construcción del templo comenzó a mediados de la década de 1980 y la imagen fue trasladada al nuevo santuario en 1989. Desde entonces, cada 25 de septiembre se convierte en el escenario principal de las celebraciones y de la llegada de peregrinos.
Oración de la Virgen de San Nicolás
Según la Agencia Católica de Informaciones - ACI Prensa, la siguiente oración es una consagración a la Virgen de San Nicolás:
¡Oh Madre, quiero consagrarme a ti!
Virgen María, hoy consagro mi vida a ti
siento necesidad constante de tu presencia en mi vida.
Para que me protejas, me guíes y me consueles.
Sé que en tí mi alma encontrará reposo
y la angustia en mí no entrará.
Mi derrota se convertirá en victoria
mi fatiga en ti fortaleza es.
Amén.